Como ocurre con muchas técnicas de autocontrol y conoci­miento de sí mismo, no se sabe con exactitud de cuándo data el ho­róscopo chino. Se cree que aproximadamente entre el año 2000 y el 4000 a. C. De lo que sí se tiene certeza es que los chinos llevan mi­lenios practicando la astrología.

La astrología se hizo muy popular en China durante el reinado del emperador Fu Hsi (2953-2838 a. C.) y desde entonces ha seguido evolucionando. El emperador, considerado la máxima autoridad ce­lestial, ofrecía sacrificios a las estrellas con objeto de permanecer en armonía con ellas. Las cuatro esquinas del palacio del emperador re­presentaban los cuatro puntos cardinales, con sus respectivos equi­noccios y solsticios, y cuentan que el emperador y su familia se trasla­daban de esquina al inicio de cada estación del año.

La leyenda china afirma que más de cinco siglos antes del naci­miento de Cristo, cuando la astrología china ya estaba consolidada, Buda, en las puertas de la muerte, pidió a todos los animales del mundo que acudieran ante él para despedirse de ellos y darles un regalo. Muchos animales, probablemente porque desconfiaron de aquella petición, no llegaron a presentarse ante Buda. Acudieron doce animales: la rata, el buey, el tigre, el conejo, el dra­gón, la serpiente, el caballo, la cabra, el mono, el gallo, el perro y el caballo. Para agradecerles el que hubieran ido, Buda les asignó a cada uno de ellos un año, que les pertenecería siempre y los haría inmortales.

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El año de cada animal coincidiría con la llegada del Año Nuevo chino, que se rige por los ciclos lunares. Entonces, se le asignó a cada ano un nombre de animal y se le atribuyeron las características del animal; por lo tanto, todas las personas nacidas en ese año adquirían la personalidad y las pautas de comportamiento asociadas a ese ani­mal. Se estableció un ciclo de doce años. Además, el día se dividió en períodos de dos horas a los que se asignó un animal, y luego se hizo algo parecido con los meses del año.

Sería conveniente señalar que los vietnamitas, tibetanos, japone­ses y coreanos varían un poco los animales con respecto a los chinos. En lugar del conejo utilizan el gato y en lugar del cerdo, el jabalí. Al­gunos sustituyen la cabra por la oveja, el buey por el búfalo o el toro y la rata por el ratón.

Cuenta la historia que, cuando China se convirtió en un imperio, cualquier persona que practicara la astrología era condenada a muerte, fuera cual fuera su intención. La razón era que los secretos de las estrellas, igual que los de Estado, sólo estaban en manos del emperador. Éste, según consta en los documentos que datan del año 200 a. C, disponía incluso de su propio Gran Astrólogo; además, se consideraba una degradación para el astrólogo predecir el horós­copo de un plebeyo

Cuentan que, cuando murió la emperatriz viuda Tzu’hi, los as­trólogos de palacio ya habían vaticinado el momento y la hora del fu­neral, como era tradición hacer con todos los regidores del Imperio Celestial.

Los astrólogos actuales siguen empleando el mismo sistema .que utilizaban los astrólogos del Imperio chino para seguir el movi­miento de los planetas y de las estrellas.

Las primeras tablas de la astrología china, difundidas principal­mente por los monjes budistas, se basaban en un sistema de doce ra­mas, y parece ser que la primera vez que se hace referencia a los animales mencionados fue alrededor del VIII o IX. Sin duda alguna, fue en el siglo x cuando esta nueva forma de astrología alcanzó po­pularidad y su práctica se extendió a muchos países” asiáticos. Hay una teoría que mantiene que, puesto que siete de los animales que se atribuyen a los ocho Irigramas del / Ching, o El libro de los cambios, están relacionados con los animales de la astrología china, el / Ching debió de influir en la inclusión de los animales en el sistema. Otra teoría cuenta que hubo muchas discusiones sobre qué animal se de­signaba a cada año, y que para ello se tuvieron en cuenta los cambios producidos en la meteorología y en la agricultura. Los chinos se enorgullecen de basar sus cálculos en los cambios de estación.

Algunos afirman que la rata se convirtió en el primer emblema o signo porque en los relojes chinos representaba la medianoche, el inicio de un nuevo día, y no, como ha pretendido hacernos creer la leyenda, porque fuera la primera en presentarse ante Buda. En algu­nos relatos, la rata estaba rodeada por el resto de los animales y casi se quedó fuera cuando Buda hizo la selección. Dicen que, para hacerse ver, se subió a la espalda de otro animal.

Si observamos con atención los animales que componen los doce signos chinos, se ve muy claramente que estos forman dos grüposde” seis animales: un grupo activo y otro pasivo. Es el elemento Yin/ Yang, del que hablaremos dentro de poco.

La tabla completa del zodíaco chino tiene en cuenta varios Jacto-res que incluyen: las veintiocho Casas Lunares, o Hsiu, la duración del año solar, las estrellas, los diez Signos Celestes, las doce ramas que hemos mencionado anteriormente y que fueron sustituidas por los doce animales simbólicos, los Cuatro Pilares, y las Casas Regidas por los planetas, y además las horas y fechas de los solsticios y equinoccios. De cualquier modo, es conveniente saber, incluso para un principiante, que los Cuatro Pilares representan la hora, el día, el mes y el año de nacimiento; cada pilar tiene un Signo Celeste y una rama, lo cual suma ocho dibujos en total, que guardan relación con los ocho trigramas del / Ching.

En algunos casos, los cinco elementos han reemplazado a los diez Signos Celestes.

También es importante saber que los antiguos chinos contaban los días de diez en diez, de modo que la semana o Hsun tenía diez días. De ahí surgieron los diez Signos Celestes. Más adelante, los años se contaron de doce en doce, según la posición del planeta Júpiter que tarda doce años, más o menos, en hacer su recorrido orbital; de ahí surgen las doce ramas a las que nos hemos referido. De hecho, el antiguo calendario chino data del 2736 a. G, durante el remado del emperador Nuang-Ti. A este emperador se le atribuye el descu­brimiento del ciclo de seis años del planeta Júpiter, que es la clave esencial de los cálculos astrológicos chinos.

Aquellos que quieran estudiar la astrología oriental más a fondo tienen que tener en cuenta que las constelaciones orientales son diferentes de las occidentales; no sólo varían los nombres sino que la agrupación de las estrellas es también diferente. Sólo diez constelaciones guardan cierta similitud con el sistema occidental. Por la misma razón, la división del tiempo, de las estaciones y de las fechas es diferente. El día tiene doce horas dobles o Chih, cada una de las cuales tiene un significado y un nombre diferente. No se las relacionó con los nombres de los animales hasta aproximadamente el año 220.